Mientras el chupete te ocultaba los labios y mamá te llevaba a dormir la siesta desde la cocina hacia la habitación, giraste para verme una vez mas trabajar desde la mesa del comedor. Y haciendo volar unos besos que impulsabas con tus dos manitos, me enviaste un saludo que llegó derecho a mi corazón:
¡Chau mi amor!
Desde entonces… todo… todo es mejor.